No todos resonarán con este artículo. Algunos lo tildarán de apocalíptico y dejarán de leer. Otros, ya conocerán el tema y no les aportará nada. Si alguien ha llegado hasta esta oración, lo considero un logro y lo invito a seguir leyendo. Este artículo es sobre el planeado fin de la humanidad y sobre qué podemos hacer para evitarlo.
SIGULARIDAD
Hoy se habla de Singularidad para referirse a un momento, no lejano en el futuro, donde la inteligencia artificial superará a la humana. Las consecuencias son impredecibles, de ahí el término singularidad: en Física, se llama así a aquellos puntos geométricos donde las leyes conocidas se quiebran, dejándonos sin herramientas teóricas para predecir su comportamiento; es el caso, por ejemplo, de los agujeros negros.
La tal Singularidad no es un concepto alarmista sino técnico, y hasta filosófico. Muchos pensadores lo consideran inevitable y llama la atención cuan poco se está haciendo para prevenir que algo así llegue a ocurrir. Por el contrario, estos pensadores abogan por no frenar su desarrollo sino, todo lo contrario, acelerar la llegada de lo inevitable.
ACELERACIONISMO
El autor del aceleracionismo y la llamada ilustración oscura es el filósofo británico Nick Land. En su visión, la humanidad no es el centro de la historia sino el vehículo hacia una forma superior de existencia que es la inteligencia artificial. Estamos destinados a ser gobernados por ella.
Para Land, este destino no es pesimista ni dramático; la humanidad no sufrirá opresión ni alineación por parte de las máquinas sino, todo lo contrario, un infinito bienestar. La humanidad, simplemente, le entregará las riendas de la Historia y se dejará gobernar gustosamente por ellas. No es casual que Elon Musk asegure que en pocos años no habrá necesidad de trabajar.
Nick Land plantean que, si este escenario es inevitable, entonces la mejor opción es acelerar su llegada. Lejos de preocuparnos por un futuro donde la humanidad no esté al centro de la acción, conviene borrar los obstáculos que ahora existen para que eso ocurra. El principal obstáculo es la democracia liberal, donde el consenso popular es clave y los ideales son antropocéntricos y nostálgicamente humanistas. No se trata de defender al hombre de las máquinas, sino facilitar el ascenso de las máquinas al control.
Como metodología, el acelaracionismo propone sofocar la civilización, choquearla, llevarla al extremo, precipitar su derrumbe. De ahí que las prácticas aceleracionistas sean traumáticas, anti-humanistas y anti-democráticas.
Si bien el fin es loable (según Land), la fase aceleracionista es forzosamente traumática: se trata de destruir aceleradamente el orden establecido, algo que es preciso sufrir con tal de alcanzar el objetivo final.
TECNOCRACIA Y TRUMPISMO
El Trumpismo es la implementación de todo esto. Le ha tocada a una figura fuerte y carismática, no vinculada al poder político tradicional, como lo es Donald Trump, conducir la etapa de transición a la Tecnocracia aplicando una metodología aceleracionista. En otras palabras, la tarea del Trumpismo es remover el obstáculo que la democracia liberal representa. No solo en Estados Unidos, sino en todo el mundo occidental.
Así que el trauma que experimentamos hoy, no se debe al capricho de un mandatario decrépito, sino que es parte de un plan bien diseñado y buen fundamentado teóricamente. Tampoco es casual que un visionario tecnológico como Elon Musk figure en la plantilla.
EL FIN DE LA INFANCIA
Así se titula la antológica novela de Arthur C. Clerk, uno de los grandes de la ciencia ficción. En 1953, cuando se publicó esta novela por primera vez, no había Ilustración Oscura, ni Aceleracionismo, no se hablaba de Singularidad, y la inteligencia artificial no era ni siquiera el centro de la ciencia ficción. Pero en la novela ocurre algo que ahora nos parece profético: la Humanidad transmuta en una forma superior de existencia donde la individualidad deja de existir. No hay trauma, pero sí nostalgia por lo que hasta entonces se entendía como Humanidad.
OPCION
Si el panorama que nos pintan Nick Land, Elon Musk y el Trumpismo, no nos convence; si no estamos dispuestos a sufrir el trauma de la transición, si no creemos que las máquinas deban gobernarnos, si creemos que el hombre debe seguir siendo sujeto y centro de la civilización, entonces debemos actuar para frenar este plan monstruoso.
El primer paso es cultivarnos. Este artículo pretende ser tan solo un aviso. Si el mismo ha conseguido disparar una alarma en el lector, el primer paso es seguir leyendo.
El segundo paso es la acción política. El Trumpismo no es academia, sino una fuerza política, y la forma de oponérsele es en las urnas. Mas, para ello, es preciso “destrumpetizar” la conciencia. Leer cada declaración trumpista con sospecha, estar atentos, identificar la intención aceleracionista detrás de las palabras. Comprender por nosotros mismos que el Trumpismo es un plan oscuramente ilustrado, anti-democrático y anti-liberal.
En una palabra, actuar ahora. Antes de que sea demasiado tarde.