martes, 24 de febrero de 2026

El fin de la infancia —Implementación

No todos resonarán con este artículo. Algunos lo tildarán de apocalíptico y dejarán de leer. Otros, ya conocerán el tema y no les aportará nada. Si alguien ha llegado hasta esta oración, lo considero un logro y lo invito a seguir leyendo. Este artículo es sobre el planeado fin de la humanidad y sobre qué podemos hacer para evitarlo.

 

SIGULARIDAD

    Hoy se habla de Singularidad para referirse a un momento, no lejano en el futuro, donde la inteligencia artificial superará a la humana. Las consecuencias son impredecibles, de ahí el término singularidad: en Física, se llama así a aquellos puntos geométricos donde las leyes conocidas se quiebran, dejándonos sin herramientas teóricas para predecir su comportamiento; es el caso, por ejemplo, de los agujeros negros.

    La tal Singularidad no es un concepto alarmista sino técnico, y hasta filosófico. Muchos pensadores lo consideran inevitable y llama la atención cuan poco se está haciendo para prevenir que algo así llegue a ocurrir. Por el contrario, estos pensadores abogan por no frenar su desarrollo sino, todo lo contrario, acelerar la llegada de lo inevitable.

 

ACELERACIONISMO

El autor del aceleracionismo y la llamada ilustración oscura es el filósofo británico Nick Land. En su visión, la humanidad no es el centro de la historia sino el vehículo hacia una forma superior de existencia que es la inteligencia artificial. Estamos destinados a ser gobernados por ella.

    Para Land, este destino no es pesimista ni dramático; la humanidad no sufrirá opresión ni alineación por parte de las máquinas sino, todo lo contrario, un infinito bienestar. La humanidad, simplemente, le entregará las riendas de la Historia y se dejará gobernar gustosamente por ellas. No es casual que Elon Musk asegure que en pocos años no habrá necesidad de trabajar.

    Nick Land plantean que, si este escenario es inevitable, entonces la mejor opción es acelerar su llegada. Lejos de preocuparnos por un futuro donde la humanidad no esté al centro de la acción, conviene borrar los obstáculos que ahora existen para que eso ocurra. El principal obstáculo es la democracia liberal, donde el consenso popular es clave y los ideales son antropocéntricos y nostálgicamente humanistas. No se trata de defender al hombre de las máquinas, sino facilitar el ascenso de las máquinas al control.

    Como metodología, el acelaracionismo propone sofocar la civilización, choquearla, llevarla al extremo, precipitar su derrumbe. De ahí que las prácticas aceleracionistas sean traumáticas, anti-humanistas y anti-democráticas.

    Si bien el fin es loable (según Land), la fase aceleracionista es forzosamente traumática: se trata de destruir aceleradamente el orden establecido, algo que es preciso sufrir con tal de alcanzar el objetivo final.

 

TECNOCRACIA Y TRUMPISMO

El Trumpismo es la implementación de todo esto. Le ha tocada a una figura fuerte y carismática, no vinculada al poder político tradicional, como lo es Donald Trump, conducir la etapa de transición a la Tecnocracia aplicando una metodología aceleracionista. En otras palabras, la tarea del Trumpismo es remover el obstáculo que la democracia liberal representa. No solo en Estados Unidos, sino en todo el mundo occidental.

    Así que el trauma que experimentamos hoy, no se debe al capricho de un mandatario decrépito, sino que es parte de un plan bien diseñado y buen fundamentado teóricamente. Tampoco es casual que un visionario tecnológico como Elon Musk figure en la plantilla.

 

EL FIN DE LA INFANCIA

Así se titula la antológica novela de Arthur C. Clerk, uno de los grandes de la ciencia ficción. En 1953, cuando se publicó esta novela por primera vez, no había Ilustración Oscura, ni Aceleracionismo, no se hablaba de Singularidad, y la inteligencia artificial no era ni siquiera el centro de la ciencia ficción. Pero en la novela ocurre algo que ahora nos parece profético: la Humanidad transmuta en una forma superior de existencia donde la individualidad deja de existir. No hay trauma, pero sí nostalgia por lo que hasta entonces se entendía como Humanidad.

 

OPCION

Si el panorama que nos pintan Nick Land, Elon Musk y el Trumpismo, no nos convence; si no estamos dispuestos a sufrir el trauma de la transición, si no creemos que las máquinas deban gobernarnos, si creemos que el hombre debe seguir siendo sujeto y centro de la civilización, entonces debemos actuar para frenar este plan monstruoso.

    El primer paso es cultivarnos. Este artículo pretende ser tan solo un aviso. Si el mismo ha conseguido disparar una alarma en el lector, el primer paso es seguir leyendo.

    El segundo paso es la acción política. El Trumpismo no es academia, sino una fuerza política, y la forma de oponérsele es en las urnas. Mas, para ello, es preciso “destrumpetizar” la conciencia. Leer cada declaración trumpista con sospecha, estar atentos, identificar la intención aceleracionista detrás de las palabras. Comprender por nosotros mismos que el Trumpismo es un plan oscuramente ilustrado, anti-democrático y anti-liberal.

   En una palabra, actuar ahora. Antes de que sea demasiado tarde.

 

lunes, 23 de febrero de 2026

La ilustración oscura

El Trumpismo tiene una base teórica (filosófica). Se llama Ilustración Oscura. Y conste que no es un término peyorativo, sino el nombre que su autor, el filósofo británico Nick Land, le dio en un ensayo llamado justamente así, publicado como libro en 2012. (Se puede adquirir en Amazon).

    El significado del término se entiende mejor en inglés: Dark Enlightement. En efecto,  la palabra enlightement tiene varias acepciones, una de las cuales es: iluminación. Puesto que Nick Land se opone a esa corriente, usa el término dark (oscuro) como contrapunto.

    Y, en efecto, se opone. La Ilustración es, como se sabe, esa corriente intelectual del siglo XVIII que dio lugar al liberalismo, motor de la Revolución Francesa y la Revolución Americana, la idea de que la nación debe ser gobernada por el pueblo (We, the people), y no por monarcas, mediante un Estado con separación de poderes. Proclama la igualdad, los derechos universales, y el progreso basado en la razón. En una palabra, es el tipo de gobierno e ideales que tenemos hoy en occidente.

    La Ilustración Oscura se opone a todo ello. Critica los problemas sistémicos del liberalismo, tales como la necesidad de burocracia y la escasa eficiencia del gobierno. Se opone al igualitarismo argumentando que no todos los hombres tienen las mismas capacidades y, por tanto, las jerarquías son inevitables. Propone un Estado diferente a la democracia liberal: un Estado dirigido por un jefe especialista al mando de un aparato de mando eficiente, el cual se maneja similar a como se maneja una empresa en el capitalismo.

    Dudo mucho que Donald Trump se haya leído un libro de filosofía en su vida, pero sí está rodeado de personas que entienden muy bien estos temas, comenzando por el vicepresidente Vance. Si se hace un recuento de todo lo acontecido en este primer año de Trumpismo, se observan pasos claros en dirección a la Ilustración Oscura.

    Por ejemplo, DOGE fue una iniciativa para podar burocracia y aumentar eficiencia en el aparato de gobierno, así como para cohesionar los diferentes departamentos bajo un control más estricto por parte del presidente, ahora visto como CEO de la gran "empresa" en que ha de convertirse el Estado. Se ve también el paulatino divorcio del ejecutivo respecto al poder judicial, así como una metodología aceleracionista... pero esto es ya otro tema.

    La Ilustración Oscura tiene algún contacto (similitud) con la llamada Social Democracia de Hitler. Al igual que aquella, no reconoce la igualdad, propone concentrar el poder en una sola persona, y rechaza la democracia liberal.

    Resumiendo, el Trumpismo no es Trump. El Trumpismo es la implementación de la Ilustración Oscura en Estados Unidos y tiene una base ideológica y filosófica firme. Su implementación corre a cargo de gente muy ilustrada (aunque oscuramente) que lo harán con Donald Trump o sin él. Si los republicanos ganan las elecciones del 2028, es muy probable que Vance sea el encargado de continuar este oscuro proceso.

    El problema no es Trump. El problema es el Trumpismo.

 

viernes, 20 de febrero de 2026

El hombre común de nuestro tiempo

 

Lo que llama la atención en el hombre común de nuestros días no es su falta de ilustración, ya que siempre ha sido así; la ilustración es el privilegio de unos pocos: aquellos que se han esforzado por obtenerla y retenerla. Lo que llama la atención es otra cosa: la convicción fehaciente en que sí la tiene, y este espejismo se debe a la abundancia abrumadora de información que caracteriza nuestro tiempo.

    Pero información no es cultura. El hombre común puede sentir curiosidad por saber cuándo nació Miguel de Cervantes y Saavedra y le bastará un par de clics en su teléfono para obtener la respuesta correcta. Pero eso es solo información, dato; pasado un par de días, lo olvidará y tendrá que preguntar de nuevo. El hombre culto seguramente no se interesa por saber cuándo nació Cervantes; más bien sentirá urgencia por leerse el Quijote y tal vez lo haga más de una vez. Cervantes no será para él un dato, ni siquiera un personaje histórico, sino alguien con quien ha establecido una relación cognitiva y emocional muy íntima. Por el resto de su vida, podrá recitar frases grandiosas del libro (más allá de “En un lugar de la Mancha de cuyo nombre no quiero acordarme…”) y conectarlas con anécdotas personales. Igualmente podrá conectar eventos políticos y sociales con su conocimiento sólido (conocimiento propiamente, no mera información) sobre filosofía e historia.

    Es fácil modelar una línea de pensamiento en ChatGPT, reforzada con datos precisos y el parecer promedio de muchos pensadores a lo largo de la historia. Es fácil armar un artículo movido por la curiosidad, pero autorado, en realidad, por una máquina. Esto no es ilustración, sigue siendo dato, pero el hombre común de nuestro tiempo satisface su apetito cognitivo con ello, creyéndose sabio y proyectándose como tal.

    Debo aclarar —para no parecer vanidoso— que me incluyo en ese vasto grupo de hombre comunes de nuestro tiempo, hombres-masa. La única diferencia es, en todo caso, que he tenido las agallas de reconocerlo.

 

 

martes, 3 de febrero de 2026

MAGA

El primer idioma en Estados Unidos es el inglés; el segundo son las siglas y los acrónimos. Hay casi tantos como palabras en el diccionario: BTW, AKA, FYI, DIY, ETA, ASAP… Uno de ellos (uno de reciente creación) es MAGA: Make America Great Again (Hacer América Grande Otra vez).

Este acrónimo fue lanzado como lema de campaña en 2016 y desde entonces ha demostrado una fuerza tremenda, parte de lo cual se debe al hecho de podérsele pronunciar como una sola palabra: "mága", no como las siglas propiamente, que no contienen vocales y entonces hay que deletrear; incluso ASAP (que sí tiene vocales) no se pronuncia "asáp", como decimos algunos latinos: los americanos la deletrean (en inglés, naturalmente) como "ei-es-ei-pi". 

MAGA se dice mága, funciona como el nombre de una cosa, o más bien, de varias cosas. Como lema, transmite un mensaje conciso y cautivador: la prosperidad suprema de la nación; también da nombre a un movimiento de votantes leales a ese mensaje. Como ideología (que también es), concentra un sentimiento ultra-nacionalista y excluyente que clama por políticas de choque orientadas a producir cambios de fondo.

Así que MAGA es el lema de un movimiento que comparte y promueve una ideología ultra-nacionalista y excluyente. 

Hasta aquí los elogios. Ahora veamos el lado oscuro.

Para empezar, el again de MAGA alude a un tiempo indeterminado. ¿Cuándo fuimos grandes? ¿Cuándo dejamos de serlo? ¿Hacia dónde pretendemos ir (o regresar)? 

Busquemos en las cifras.

Si se examina el crecimiento del producto interno bruto de los Estados Unidos desde principios del siglo XX hasta la fecha, se observa un crecimiento estable, excepto en momentos de grandes crisis como la gran depresión en los años 30s y el estallido de la burbuja inmobiliaria en 2008. No se ve un problema sistémico que urja remediar. 

Comparando los volúmenes de exportación, se observa un aumento creciente y sostenido. En el momento en que surge MAGA, las exportaciones estaban, más bien, en un momento de apogeo, contrario a lo que el mismo lema sugiere.

Patrones similares se observan en otras variables, como el gasto militar y la inversión en desarrollo tecnológico. Entonces ¿dónde está la grandeza perdida? ¿Dónde está el again de MAGA? Está —es mi respuesta— en la realidad paralela que MAGA ha construido para vender su ideología ultra-nacionalista y excluyente. 

MAGA es una falacia, una Gran Mentira.

Quizás sea muy tarde para percatarnos de ello, porque MAGA ha calado muy hondo en la sociedad americana. No ha bastado el caos que se ha generado en tan solo un año, la incertidumbre, los atropellos, los crímenes; no ha bastado todo eso para recuperarse del efecto hipnótico inicial que MAGA produjo en la sociedad. 

MAGA es ya una ideología, y una muy peligrosa, mucho más de lo que muchos americanos alcanzan a vislumbrar a estas horas tempranas del experimento trumpista. Tempranas, porque esto es solo el comienzo: el Trumpismo está resuelto a establecerse a como dé lugar, y a convertir el gran país de las libertades en un estado totalitario de corte post-fascista.


domingo, 1 de febrero de 2026

El Pragmático Circunspecto


Cuando leo un texto en redes sociales, no puedo evitar imaginarme al autor del otro lado de Internet. Dependiendo del tono, el texto me sugiere un jovencito o jovencita alzando pancartas con las consignas de moda, o un cuarentón/cuarentona de espejuelos de pasta atando cabos en Google para armar su artículo, o un duende burlón muerto de risa improvisando un chiste breve y contundente. O una persona preocupada seriamente por su entorno decidido a decir algo que valga la pena; a este me lo imagino serio y reflexivo, llevándose la pluma a la boca de vez en cuando mientras cocina el qué decir y el cómo decirlo.

    Y entre todos ellos distingo al Pragmático Circunspecto. Este señor es un tipo sereno y muy seguro de sí mismo. Lee a los demás mirándolos por encima del hombro. Inmaduros —dice para sí—, se dejan cegar por la pasión, no captan la parte objetiva del asunto, esas “verdades incómodas” (le encanta esa palabrita).

    El Pragmático Circunspecto tiene una máxima: el fin justifica los medios; y no es una repetición mecánica de la conocida frase hecha, sino un principio central en su pensamiento; los medios pueden ser incómodos (¡de nuevo la palabrita!), los daños, si los hay, son colaterales. Lo importante es el resultado; a fin de cuentas, es lo único visible a escala histórica… al menos para él.  Porque El Pragmático Circunspecto desdeña la moral; carece de toda ética, pero le sobran recursos lingüísticos para armar su frío y desalmado discurso.

    El Pragmático Circunspecto ocupa un lugar particular en la defensa del Trumpismo. Su mensaje no está dirigido a la chusma entusiasta que repite consignas MAGA, sino a gente que aún tiene paciencia para leer y digerir textos relativamente largos (como suelen ser los suyos), gente con capacidad para tragarse las cosas con parsimonia, no de un bocado.   

    El Pragmático Circunspecto es el encargado de vender el Pragmatismo Trumpista, un pragmatismo justificativo de todo desmán y de todo crimen, un pragmatismo carente de moral y de humanismo. Lo que no dice el Pragmático Circunspecto es que ese pragmatismo es el disfraz de una ideología pro-fascista a la cual está contribuyendo, tal vez sin saberlo.

 

miércoles, 28 de enero de 2026

¿Qué hay de malo en ser nacionalista?

 Si por nación se entiende el conjunto de rasgos históricos y culturales que unen a su gente dentro de un territorio y, por nacionalismo, el apego afectivo de la gente a esa nación, entonces no hay nada de malo. Si la nación puede convivir con otras naciones, si la competencia entre naciones no se torna hostil, entonces no hay nada de malo en ser nacionalista.

Lo malo es cuando la nación empieza a confundirse con el Estado, cuando el Estado prevalece por encima de la nación y se propone transformarla en algo diferente a lo que por esencia es, algo por voluntad del Estado, no por el consenso de la nación.

Es entonces que hablamos de ultra-nacionalismo, porque el Estado necesita consenso, y se aparece entonces con la Gran Mentira de la Patria prima.

Bombardeadas con slogans, promesas, ideologías puntiagudas y realidades paralelas, las masas confunden el genuino sentimiento nacionalista con el pérfido intento ultra-nacionalista, produciendo el consenso que el Estado necesita para legitimarse. Y en nombre de “la nación” (ahora, Estado), cualquier violación de los valores originales resulta natural y aceptable; los valores han cambiado: la Patria es lo primero.

El ultra-nacionalismo conduce por línea natural al fascismo, si se le deja prosperar lo suficiente.

viernes, 23 de enero de 2026

Davos: Declaración de Imperialismo

Lo que vi en Davos (cada cual vio lo que quiso ver) no fue la Declaración de Independencia de 1776, sino la Declaración de Imperialismo de 2026. Porque imperialismo ya no es un término acusatorio; más bien, un halago: yo, imperialista, sí, imperialista ¿y qué? ¡Imperialista por mis balas!
 
Claro que no se dice imperialismo, se dice geopolítica, que no es lo mismo pero es igual, una verdad "incómoda", esa palabrita que ahora está tan de moda. Cuando algo resulta moralmente inaceptable, se dice que es incómodo, relegando la molestia al minúsculo papel de reacción emocional superflua. Incómodo (según la nueva definición) es algo que hay que aceptar aunque moleste (aunque sea inmoral), simplemente porque no hay de otra.
 
En Davos también vi declaraciones de sometimiento, disimuladas con tintes de dignidad, como para no quedar mal. No vi a nadie enfrentarse al gigante con la energía requerida, y no los culpo: como diría un borg en el otro extremo de la galaxia: "Resistance is futil".
 
Entiendo ahora a qué se refiere Trump con su grito de guerra "Make America Great Again", a qué alude el again, a cual época de gloria se remonta. Algunos pensaron en los años 50s, otros en los 30s. Pues no, el again se remonta al siglo XIX, cuando Estados Unidos emergía como potencia imperialista y lo hacía sin tapujos; las guerras que conquistaron Mexico, compraron California y ganaron Cuba y Filipinas como zonas de influencia.
 
Ya no hay que mentir ni pretextar, ya se puede imperar a calzón quitado, sin máscaras. La Declaración de Imperialismo es ahora oficial.