miércoles, 28 de enero de 2026

¿Qué hay de malo en ser nacionalista?

 Si por nación se entiende el conjunto de rasgos históricos y culturales que unen a su gente dentro de un territorio y, por nacionalismo, el apego afectivo de la gente a esa nación, entonces no hay nada de malo. Si la nación puede convivir con otras naciones, si la competencia entre naciones no se torna hostil, entonces no hay nada de malo en ser nacionalista.

Lo malo es cuando la nación empieza a confundirse con el Estado, cuando el Estado prevalece por encima de la nación y se propone transformarla en algo diferente a lo que por esencia es, algo por voluntad del Estado, no por el consenso de la nación.

Es entonces que hablamos de ultra-nacionalismo, porque el Estado necesita consenso, y se aparece entonces con la Gran Mentira de la Patria prima.

Bombardeadas con slogans, promesas, ideologías puntiagudas y realidades paralelas, las masas confunden el genuino sentimiento nacionalista con el pérfido intento ultra-nacionalista, produciendo el consenso que el Estado necesita para legitimarse. Y en nombre de “la nación” (ahora, Estado), cualquier violación de los valores originales resulta natural y aceptable; los valores han cambiado: la Patria es lo primero.

El ultra-nacionalismo conduce por línea natural al fascismo, si se le deja prosperar lo suficiente.