Lo que vi en Davos (cada cual vio lo que quiso ver) no fue la Declaración de Independencia de 1776, sino la Declaración de Imperialismo de 2026. Porque imperialismo ya no es un término acusatorio; más bien, un halago: yo, imperialista, sí, imperialista ¿y qué? ¡Imperialista por mis balas!
Claro que no se dice imperialismo, se dice geopolítica, que no es lo mismo pero es igual, una verdad "incómoda", esa palabrita que ahora está tan de moda. Cuando algo resulta moralmente inaceptable, se dice que es incómodo, relegando la molestia al minúsculo papel de reacción emocional superflua. Incómodo (según la nueva definición) es algo que hay que aceptar aunque moleste (aunque sea inmoral), simplemente porque no hay de otra.
En Davos también vi declaraciones de sometimiento, disimuladas con tintes de dignidad, como para no quedar mal. No vi a nadie enfrentarse al gigante con la energía requerida, y no los culpo: como diría un borg en el otro extremo de la galaxia: "Resistance is futil".
Entiendo ahora a qué se refiere Trump con su grito de guerra "Make America Great Again", a qué alude el again, a cual época de gloria se remonta. Algunos pensaron en los años 50s, otros en los 30s. Pues no, el again se remonta al siglo XIX, cuando Estados Unidos emergía como potencia imperialista y lo hacía sin tapujos; las guerras que conquistaron Mexico, compraron California y ganaron Cuba y Filipinas como zonas de influencia.
Ya no hay que mentir ni pretextar, ya se puede imperar a calzón quitado, sin máscaras. La Declaración de Imperialismo es ahora oficial.